Por: Julio Calleros.
No
estaría mal reconocer desde el principio que en las últimas décadas la
educación a distancia ha dado un salto cualitativo importante, pasando
de ser considerada una educación de segundo orden y con una imagen
social poco prestigiosa, a ser contemplada como una educación con altas
potencialidades y bastante deseada, independientemente del país al cual
nos estemos refiriendo o de los contenidos en los que se pueda concretar.
Como señala Barberá (2001:16):
En
estos momentos, los mismos detractores, personas e instituciones que ponían en
duda su validez, invierten importantes recursos y esfuerzos en su desarrollo.
Los
motivos que nos han llevado a la transformación de la imagen social de la
educación a distancia son diversos y, a título de ejemplo, podemos citar los
siguientes:
·
La significación que las tecnologías de
la información están adquiriendo en nuestra sociedad en general y en la
educación a distancia en particular.
·
Directamente relacionado con lo
anterior, los cambios de percepciones que se están dando en nuestra cultura,
entre lo analógico y lo virtual.
·
El aumento del volumen de acciones
realizadas dentro de esta modalidad de educación.
·
La necesidad de “aprender a aprender” y
de “formación continua”, que está estableciendo la sociedad de la información.
·
El hecho de que la educación
convencional no pueda hacerse cargo de los nuevos contextos, necesidades y
demandas, que desde diferentes sitios se le están reclamando.
·
La educación a distancia actual no es
realizada únicamente por las instituciones tradicionales de educación a
distancia, sino que también las instituciones tradicionalmente presenciales se
están dedicando a ella.
·
La importancia que en los departamentos
de recursos humanos de las empresas está adquiriendo la formación permanente de
los trabajadores.
·
La significación que la combinación de
la formación presencial y a distancia está teniendo en los nuevos contextos y
acciones formativas.
·
La extensión de los receptores de la
educación a distancia; por tanto, la transformación y amplitud de los
receptores potenciales y tradicionales de esta acción formativa.
Reconocemos,
con García Aretio (2001), que buscar una definición de educación a distancia es
una tarea ardua, debido a una serie de factores que van, desde la polisemia que
contiene el término “distancia”, a la concreción que adquiere en función de
diferentes factores (la concepción filosófica y teoría de la educación a
distancia de la que partamos, los apoyos políticos y sociales con los que se
cuenten, las necesidades educativas que pueda tener la población, el grupo de
destinatarios, entre otros) y la existencia de una diversidad de términos
utilizados para referirnos a una realidad con aspectos muy semejantes ( “correspondance
education”, “home study”,
“enseñanza
semipresencial”, “aprendizaje flexible”, “enseñanza o educación distribuida”, entre
otros); situación que sin lugar a dudas se vuelve más complejo en la
actualidad, con todo el impulso que en los últimos tiempos están adquiriendo
términos como “e-learning”, “teleformación” o “educación virtual”.
Por
ello, pensamos que puede ser más interesante presentar algunas de sus
características distintivas que ofrecer una definición, y entre estas
características se encuentran las siguientes:
Separación
espacial y temporal entre profesor y estudiante.
·
Formación mediada y, por tanto, apoyada
en diferentes tecnologías que condicionan y matizan la relación que el profesor
y el estudiante establecen con los contenidos.
·
Comunicación mediada entre el estudiante
y el profesor.
·
Posibilidad de que la comunicación entre
los participantes en la acción formativa sea sincrónica (teléfono, chat, videoconferencia, entre otros)
y/o asincrónica (foros, listas de distribución, correo electrónico, cartas,
entre otros).
·
Por lo general, los alumnos son de más edad
que los del sistema presencial.
·
Existencia de una institución que
organiza la estructura educativa y la certificación académica. Fuerte apoyo en
una estructura organizativa.
·
Incorporación en la acción educativa de
diferentes personas que garantiza su calidad: profesores, alumnos, técnicos de
producción de materiales, distribuidores de materiales, entre otros. El estudiante
a distancia necesita un sistema de información, comunicación y apoyo más
complejo que el estudiante de la formación presencial.
·
Formación fuertemente tutorizada.
·
Comunicación bidireccional, multicódigo
y multipersonal.
·
Presencia cada vez más significativa de
las tecnologías telemáticas y multimedia.
Respecto
a la última de las características apuntadas, creo que está impulsando, por una
parte, las propias acciones formativas a distancia, bien en estado puro (“e-learning”)
o
en combinación con lo presencial (“b-learning”) y, por otra, potenciando
su investigación en nuevas líneas y direcciones. Y es de esta última de la que
vamos a hablar en el presente trabajo, pero antes haremos unas referencias generales
a la investigación en Tecnología Educativa (TE).

Definitivamente compañero es un trabajo excelente y mas por los vínculos que ofreces a la derecha de la pantalla del blog son artículos y blogs bastante interesantes.
ResponderEliminarSolo te solicito me ilustres sobre el cómo realizar esos vínculos que presentas gracias y en hora buena
con mucho gusto.. solo dime cuando.. o pásame tu correo y te hago una explicación exhaustiva. saludos
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